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Rito Tridentino vs Abusos Litúrgicos

2 septiembre, 2011

Me motiva a escribir esta entrada la existencia de una cierta tesis que he comenzado a percibir en algunos círculos, según la cual la Misa de Rito Tridentino es la solución al problema de los abusos en la liturgia. No pretende esta entrada más que señalar una serie de puntos en contra de esa hipótesis, lejos de mi intención queda pretender decir cuál de los dos ritos es mejor o cosas semejantes.

Antes que nada, he de confesarme converso en esta discusión. Desde bien pequeño he sentido una fuerte atracción por la lengua latina. Sentía que había algo en esa lengua que le daba un cierto poder a las palabras. Luego vine a conocer del Rito Tridentino y vi en ello un “algo” que creía perdido. Creía estar frente a la Eucaristía que celebraban los caballeros de antaño y que les daba el valor para ir y perecer en Jerusalén con una oración en los labios. Incluso en alguna ocasión llegué en broma a declararme Lefebvrista. (No obstante la broma de la declaración, sí tenía fuerte curiosidad por ir a una Misa celebrada por la FSSPX para saber si el rito tenía algo que pudiera bañar con sabores de belleza a la Eucaristía)

Pues bien, tomé un curso de introducción al Latín en la universidad, y he terminado encontrándome con una lengua tan vulgar y pagana como cualquiera. Aún más, bien podría decir que veo con mejores ojos al Español, pues a diferencia del Latín, éste no tuvo pasado pagano sino que fue formado y moldeado por entero por la tradición católica. No por nada las primeras palabras escritas en español son justamente una oración. Encontrarme con la belleza de la lírica espiritual hispánica hizo que valorara mucho más la estética del Español que la del Latín. Si bien es menester reconocer las ventajas que ofrece el Latín frente a los vocabularios teológico y litúrgico creados por la Iglesia, en nada desmerece a la enorme capacidad del Español para abrirse a la adoración del misterio de Dios.

Poco tiempo después supe que había Misa en Latín, en el Rito Ordinario, en la parroquia de San Diego. Fui allí esperando encontrar ese brillo estético que el Latín imprimiría sobre el sacrificio eucarístico y me encontré con dos mitos desbancados: La misa en Latín puede entenderse y seguirse a la perfección por quienes no lo hablan, como se puede seguir en inglés, francés o italiano, gracias a los gestos y tonos que la Forma Ordinaria introdujo para las diferentes partes de la Misa, y por otro lado, el uso del Latín ni aumenta ni disminuye la solemnidad de la Liturgia. Salí de allí con la conclusión de que el Latín ni quita ni pone nada a la Eucaristía.

Y es que el Latín es un mero accidente espacio-temporal que en nada toca a la sustancia divina de la Eucaristía. Quienes defienden a ultranza el uso del Latín emulan peligrosamente a los judíos y musulmanes sin percatarse de que unos y otros se aferran al uso del hebreo y del árabe porque creen que sus lenguas les fueron otorgadas por el mismo Dios en la revelación de la sagrada escritura. Se olvidan entonces de dos pequeños hechos, que el idioma de Jesús fue el Arameo y el evangelio está escrito en Griego, por tanto nada puede decirnos el Latín sobre Jesús más que cualquier otra lengua. Si realmente el idioma tuviera un poder mágico sobre las fórmulas litúrgicas, este poder debía ser el del Arameo o el Griego, no el del Latín.

Luego si el Latín es un accidente que nada influye sobre la Liturgia, el “algo más” debía residir en el resto de elementos que diferencian el Rito Ordinario del Extraordinario. El orden, los gestos, movimientos, signos, tonos, y demás elementos que puedan tener alguna influencia estética.  Esperaba que el Rito Tridentino se me presentara cargado de símbolos gestuales, que gritaran la solemnidad de la presencia de Dios con toda la silenciosa elocuencia del cuerpo como en los Ritos ortodoxos. Además la tradición de la música sacra estaba completamente inserta en la liturgia de modo que toda la Eucaristía, sería una sola canción de adoración al santísimo. Los ojos y los oídos, todos los sentidos debían entrar en éxtasis ante un desborde estético digno de la presencia de Dios en el mundo.

Pues bien, el miércoles 10 de agosto recibí una invitación por Facebook: “EXPOSICION SANTISIMO Y MISA TRADICIONAL CATEDRAL PRIMADA BOGOTA”. Me quedé pensando, “¿Misa Tradicional? ¿será una Misa Tridentina?” (A algunos les parecerá extraño que me lo haya preguntado, pero de cierto modo para mí “Misa Tradicional” es toda una novedad pues he crecido toda la vida con la Misa del Vaticano II. Incluso, un amigo mío a quien le comenté tuvo el mismo parecer: “¿será? ¿o por ‘tradicional’ quieren decir ‘la misa de siempre, con el cura de siempre, en el altar de siempre’?”). Asistí al día siguiente a la Catedral a ver cómo es que era la “Misa Tradicional”, y me encontré en la puerta con un par de señores con una cinta roja cruzada sobre el pecho, como una orden, y un estandarte que en campo de gules mostraba un león de oro (De inmediato algo en mí me dijo que se trataba de TFP), lo que comenzó por darme una mala espina, pero bueno, con llegar allí y ver de lejos que estaba llena la capilla de Nuestra Señora del Topo (El espacio entre el presbiterio del Altar Mayor y el coro de los canónigos es algo pequeño) vi confirmada mi percepción. Como había llegado tarde, apenas llegué al final de la adoración eucarística. Pero bueno, seguía la misa, así que no me había perdido de nada.

No voy a describir narrativamente la Misa, puesto que de entonces al día de hoy no la recuerdo al detalle, pero si recuerdo unas ciertas impresiones que me causó. En primer lugar, el coro, unas monjitas de hábito blanco que de una reconocí como Lumen Dei, reunió cantos tradicionales como el Kyrie, Gloria, Credo, Pater Noster, con otros famosos como el Ave María de Bach y Gounod y el Ave Verum Corpus, cosa que a mí juicio fue una pésima elección, pues ningún coro debe aventurarse con ese tipo de composiciones si no tienen las voces que sean capaces de cantarlos. Si bien no deja de ser interesante oír esas canciones en la Eucaristía, quien ha oído esas piezas bien cantadas, reconoce cuando fallan y hacen que la solemnidad quede en entredicho. El coro se notó esforzado desde el principio, y además estaban acompañados por un órgano que poco ayudaba; si bien hay que reconocer que las dos últimas canciones de la comunión estuvieron magistrales, el Anima Christi y otra que no reconocí, melodías suaves y un arreglo bien armónico que hizo que las dulces voces femeninas, y gracias a que el órgano no sonó, emularan un coro de ángeles.

Pero vayamos a la propia liturgia. Desde el comienzo de la Misa hubo algo que me chocó: El celebrante leía las oraciones como balbuceando a toda prisa fórmulas sin sentido, de modo tal que ni siquiera quienes entendemos el latín podíamos saber lo que decía. Posteriormente, la Plegaria Eucarística fue un silencio absoluto. Por obvias razones el sacerdote no tenía el micrófono en frente y por su forma de leer balbuceando terminaba celebrando para él solo. En eso me di cuenta de algo que fue mi decepción absoluta: Despojada del texto, la Plegaria Eucarística en el Rito Tridentino no se revela más que en las elevaciones de la hostia y el cáliz y las genuflexiones y reverencias que se suceden unas a otras, que vistas desde bien lejos es lo mismo que no vistas, no hay simbología gestual diferente a la de la Forma Ordinaria más que en la posición del altar. A eso, habría que sumarle el detalle de ciertos aspectos en la homilía, como que el celebrante comenzara por felicitar la recuperación de la Misa “de siempre” (Apodo contra el que lucho, pues es falso), a lo que la gente respondió aplaudiendo y uno de los clérigos que acolitaba hizo señas de que no y al ver que la gente seguía aplaudiendo puso cara de fastidio, y junto a la presencia de los TFP y a la forma de salir de la procesión que terminó dejando un aire a “jajaja, somos mejores que el resto de los católicos”. Salí pensando “Flaco favor le hace a la tradición quien pretende recuperar la misa ‘de siempre’ cometiendo los errores ‘de siempre’”.

Salí con sentimientos encontrados y me di cuenta del valor tan profundo que encierra la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, y puedo decir que le creo al Padre Fortea cuando dice que la reforma fue hecha por los mejores liturgistas del momento. Creo que la reforma litúrgica puede ser una increíble oportunidad de acercamiento ecuménico.

Como indiqué anteriormente, la finalidad de este artículo no es validar o invalidar una de las Formas, sino desmentir a quienes proponen una “contrarreforma” litúrgica que consista en sustituir la forma vaticana por la tridentina.

Por un lado, señalar que así como los aspectos estéticos son extrínsecos a la forma de la Misa, dependen más del coro y de la actitud del celebrante, así también lo son los abusos litúrgicos. Una Misa en la Forma Ordinaria puede ser mucho más solemne que una Misa en la Forma Extraordinaria y esta última puede ser celebrada peor que cualquiera de las que han servido como ejemplos de abuso litúrgico. Todo porque a quienes sostienen esa separación, de forma un poco maniquea, se les olvida que todo depende del celebrante. Que las misas en la Forma Extraordinaria no presenten casos de abusos litúrgicos se debe más al hecho de que los sacerdotes que la celebran son más apegados a la forma. En efecto, si se impusiera de nuevo el rito tridentino como forma ordinaria, hay pocas razones para creer que los sacerdotes que abusaron del Novus Ordo no lo vayan a hacer con el rito tridentino.

Porque la causa de los abusos litúrgicos es mucho más profunda que la discusión entre esta forma o la otra.  De hecho equivale a sostener análogamente que el Concilio Vaticano II fue la causa de la secularización del mundo cristiano.  Negar la fuerza de los cambios sociales que se dieron en el mundo en el contexto de la Guerra Fría por preferir como causa a una serie de cambios en la liturgia, que además son aspectos puramente formales pues al acercarse al contenido, al texto del Rito Tridentino se percata que se mantiene casi igual, termina por hacerle el juego a quienes busca la mundanización de la Iglesia presentándola bajo el nombre del “Espíritu del Concilio”.

Hay que hacer ver que la aplicación de las normas papales respecto la Forma Extraordinaria de la Misa no vaya a llevar a una división de la comunidad eclesial. Que se comience a leer el asunto como “tal misa para unos y tal misa para los otros”. En el fondo una de las principales causas de los Abusos Litúrgicos es justamente la subjetivización de la liturgia, es decir, asumir que la forma exterior de la liturgia está hecha en función de la asamblea que participa de ella. En esto pueden caer tanto los defensores a ultranza de la vuelta al Rito Tridentino, al pretender que la liturgia debe buscar en las formas el agrado estético de la asamblea, como los que provocan abusos litúrgicos, como el que pone reggaetón en la misa porque es misa para jóvenes. La liturgia es la labor que realiza el Pueblo de Dios por Cristo, en Cristo y para Cristo. Las modificaciones litúrgicas realizadas en el Concilio Vaticano II tuvieron como fin precisamente acercar las formas litúrgicas al sacrificio de Cristo prefigurado en la Última Cena.

Cuando pensemos “yo cambiaría tal cosa en la liturgia”, consideremos primero si tal idea está motivada por la cercanía con Cristo o si simplemente se trata de satisfacer un gusto personal.

2 de Septiembre de 2011

11 comentarios leave one →
  1. raul rodriguez permalink
    2 septiembre, 2011 12:30

    MUCHO ROLLO PARA ALGUIEN YA PREDISPUESTO CONTRA EL LATIN Y EL RITO CLASICO.

    • 2 septiembre, 2011 12:32

      Si en algo estuve predispuesto contra ambos fue que los sobrestimé y de ahí mi desilusión.

  2. Fortu permalink
    14 octubre, 2011 5:43

    Las ventajas de usar el Latín son, entre otras:

    -Misma lengua para todo el orbe católico latino, por lo que cualquier viajero puede seguir la Misa fácilmente en cualquier lugar.

    -Evitar el abuso de los comentarios por parte del celebrante durante la Misa.

    ¡No hay que olvidar que por alguna razón San Pedro y San Pablo fueron a Roma y allí entregaron su vida!

    • 14 octubre, 2011 10:47

      Estoy de acuerdo con ambas razones, más no con el comentario final. El Latín, al Igual que el Imperio Romano, es un accidente histórico que no veo por qué tenga que estar atado a la liturgia.

      • Fortu permalink
        14 octubre, 2011 15:09

        Perdone mi insistencia en el tema, pero me gustaría añadirle estos enlaces:

        Constitución Apostólica del Papa Juan XXIII “Veterum Sapientia” sobre la promoción del estudio del latín:

        Original en latín
        http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/apost_constitutions/1962/documents/hf_j-xxiii_apc_19620222_veterum-sapientia_lt.html

        El enlace del Vaticano sobre esta Constitución en español no funciona, por lo que le adjunto
        http://unavocemx.org/inicio/documentos-eclesiasticos/veterum-sapientia/

        Y por último “ATRACTIVO DE LA MISA TRIDENTINA” del ya fallecido cardenal Stickler:
        http://www.statveritas.com.ar/Liturgia/CardStickler_Misa-01.htm

        Saludos.

      • 14 octubre, 2011 23:01

        Ya había leído la Veterum Sapientia, y justamente creo que no sólo recoge la importancia del Latín, sino que casi la agota. Pretender ir más allá de las razones que da el Papa, termina por lo general, sobrestimando el Latín, y puede dar ideas erróneas sobre él, como hace el Cardenal Stickler al decir: “Un proceso semejante puede verse incluso en otras religiones. Para los musulmanes , la vieja lengua árabe está muerta y, no obstante, sigue siendo el lenguaje de su liturgia, de su culto. Para los hindúes , lo es el sánscrito .” Los árabes y los hindúes conservan su culto (no estoy seguro de llamarlo liturgia) en árabe y sánscrito por razones diferentes: ellos los consideran lenguajes sagrados, es decir que provienen directamente de Dios, o los dioses, y que por ello las palabras en tales lenguas tienen una fuerza sobrenatural que no la tienen en otros idiomas (Curiosamente en esto se acercan también ciertos grupos evangélicos en EEUU respecto del Inglés).
        Por otro lado, quisiera resaltar que una de las razones que da el Papa a favor del Latín, que sea No Vulgar, depende justamente de su poco uso. Si el Latín comienza a ser usado más que como Lengua Vehícular, corre el riesgo de vulgarizarse.

      • 14 octubre, 2011 23:21

        Ahora, creo que en el texto del Cardenal existen numerosas paradojas, una de ellas es que casi parece que sacara la eucaristía de la Contrarreforma y se olvidara de toda la historia previa, (Lo que en efecto hace el que puso el pie de foto diciendo “la misa de siempre”) Una de las cosas que atestigua la arquitectura es que en los primeros tiempos el altar siempre estuvo en el centro de la Iglesia, después fue que se le arrinconó. Por otro lado el Cardenal parece ver la Misa como un instrumento contra los protestantes y su negación del carácter sacrificial de la Eucaristía, al punto que toma el carácter de comunión de la misma como un acercamiento al Protestantismo, lo que casi diría que le pone contra el Catecismo. La Eucaristía es banquete de Comunión, prefigurado en la Pascua judía, y así es como Jesús la instituyó en los tres evangelios sinópticos.
        El Cardenal también defiende el uso silencioso del Canon, lo que no deja de ser paradójico, puesto que si la plegaria eucarística se celebra en casi silencio absoluto, entonces el Latín pierde todo lo que tenía a favor, y da igual el idioma con que se diga, porque al fin y al cabo todo se lo queda el sacerdote para sí.
        Y por último dice también “la reforma del Vaticano II destruyó o cambió el significado de gran parte del rico simbolismo de la liturgia (si bien se mantiene en los ritos orientales). La importancia de este simbolismo fue destacada por el Concilio de Trento …” Lo que a mí no me entra, puesto que veo mucho más simbolismo en el Novus Ordo Missae que en el tridentino, el altar contra el retablo no admite más simbolismos que la elevación y la genuflexión, por el contrario el altar en el centro de la Iglesia abre las posibilidades, como lo es recuperar la forma de incensar rodeando el altar.

    • alvaromenendezbartolome permalink
      1 junio, 2012 7:49

      De todos modos, ha que recordar que fue el griego, y no el latín, la lengua litúrgica de Roma hasta el papa san Dámaso: http://ameiric.blogspot.com.es/2012/05/liturgia-de-lengua-griega.html

  3. elbio caceres permalink
    26 mayo, 2012 12:08

    He leído atentamente tu relato y me parece que te has quedado solamente en el rito externo y me duele cuando empiezas y dices:”Como había llegado tarde, apenas llegué al final de la adoración eucarística. Pero bueno, seguía la misa, así que no me había perdido de nada”, en la cual te parece poco o que no te has perdido de nada respecto de la adoración eucarística, siendo que en orden de perfección de ritos le sigue a la Santa Misa.
    Por otro lado la disposición debe ser interna y lo sagrado reside en aquello que nuestros ojos no ven. Con respecto al ecumenismo, se presenta un gran error. Este debe servir para acercar a otras religiones a la nuestra que es la verdadera y no para aceptar las falacias y errores por los cuales principalmente los protestantes se alejaron. Creo que la conversión proviene del Espíritu Santo pero para ello nuestro corazón necesita estar contrito y humillado para poder abrirse a sus dones.

    • 26 mayo, 2012 17:24

      Es que como indiqué al principio, mi intención era conocer el rito externo. No me había perdido nada de los ritos, a esome refería. La disposición interna es condición en cualquierLiturgia, pero yo quería conocer es justamente lo que era propio de ese rito.

    • 26 mayo, 2012 17:24

      Es que como indiqué al principio, mi intención era conocer el rito externo. No me había perdido nada de los ritos, a eso me refería. La disposición interna es condición en cualquierLiturgia, pero yo quería conocer es justamente lo que era propio de ese rito.

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