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La tempestad

2 mayo, 2011
En la barca te subiste
y yo, que te he seguido.
Pues sentí que me llamaste,
habiéndome escogido.
Y creyéndote, detrás de ti, me he ido.
 
Me andaba preguntando,
a dónde me llevabas.
Te pregunté dudando,
y no dijiste nada.
Volvite a preguntar y tú callabas.

 

Las olas que rugían,
el mar que se picaba;
queriendo nuestras vidas
robárnoslas el agua.
Y tú que muy tranquilo dormitabas.

 

Crujía la barcaza
y pronto se agrietó.
Grité al entrar el agua:
“¡Ayúdanos Señor!”
De ti, respuesta alguna, no se oyó.

 

El agua amenazando
con llevarme al abismo,
y tú, ahí, acostado,
tan fresco y tan tranquilo.
“¡Ayúdanos Señor, que nos hundimos!”

 

El viento nos arroja,
de la barca, al costado.
Con el agua en la boca
a gritos te llamamos
“¿No te importa, Señor, que perezcamos?”
 
Si quieres regañarme
por mi falta de fe.
Mas, ¿Por dónde me guiaste?
Es difícil saber.
La incertidumbre me ataca por doquier.

2 de Mayo de 2011

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