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Sobre el autoengaño, mal llamado pensamiento.

10 diciembre, 2008

En anteriores entradas, he dejado llevar mi sentido estético hacia la irracionalidad a la que se puede ser arrastrado con una simple promesa de felicidad. Mucho desdeñé aquella enajenación sobre la voluntad del ser humano producida por el alma, hasta que logré darme cuenta de un hecho interesante: Antes de que la razón tome conciencia de algo, el alma ya le ha asignado un valor concreto.
Es así como resolví la situación al convencerme de que pensamiento es un largo y esforzado proceso en el que se busca hallarle algún grado de verdad (bastante subjetivo, por cierto) a aquello que nuestra alma niega, es decir, un autoconvencimiento de eso que, cuando menos, es inverosímil.
¿No es común en las personas esa situación en que se resiste a una extraña corazonada bajo una constante argumentación de posibilidades? Más allá de lo extremadamente gracioso que resultan esos cuadros, encierran la verdadera y principal función de la razón, engañarnos frente a la irrefutabilidad de las impresiones del alma.
Claro está, para darme cuenta de esto tuve que pensar durante un buen rato.

10 de diciembre de 2008

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