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Romance de mi Abuelito

31 marzo, 2008

Vuelve Señor, tu rostro,

a aquellos que lloran con ansia,

a los que tu abrazo buscan,

a los que ofrecen su alma,

puesta como tributo,

a ti la entregan con gana,

pues, servir no quieren, a otro,

sino a ti, el que protege y salva.

Sálvanos, Señor, del malo,

y recuerda tu palabra,

de levantar de la muerte,

a las benditas almas.

Recibe, entonces en tu regazo,

a aquel que hacia ti viaja,

y quiérelo como nunca,

que aquí hay muchos que le aman.

Quererlo como nos, tienes;

y no es sencilla traza,

pues son muchos que le quieren,

y que aquí nos acompañan;

que compartieron con él,

una vida aprovechada,

salpicada de ternuras,

y de risas otras tantas,

convertidas en recuerdos,

y en muchas historias largas,

de tantos años que fueron,

que cualquier memoria falla,

al tratar de pensar en todas,

y entender sus enseñanzas,

que muy lejos de los números,

y de otras teorías vanas,

fue su vida que lo hizo,

una persona tan sabia,

que bien supo disfrutar;

una vida cotidiana,

en una mesa y unos tintos,

y amistades cual más gratas;

y luego del mediodía,

a la oficina pasaba,

pues no hay mejor aliciente,

para el cuerpo y para el alma,

que vociferar con amigos,

cosas nuevas y pasadas,

de esos tiempos anteriores,

cuando por el país viajaba,

conociendo personajes,

en los pueblos do enseñaba;

y que luego quedarían,

en historias que contaba,

y que el trabajo de maestro,

como aventura dejaba,

cuando a nosotros, caminando,

sus anécdotas narraba.

Y así, esperábamos tanto,

que a Bogotá llegara,

que cuando quería irse,

yo, a la puerta me pegaba,

para no dejarlo ir,

y con nosotros se quedara;

más, furioso se ponía,

y a la fuerza me quitaba,

y una y otra, y otra vez,

siempre a Tunja regresaba.

Siempre fue muy conocido,

siempre a alguien se encontraba,

no hubo quien mal le quisiese,

ni alumno que le olvidara.

Él nos enseñó a reír,

Como nadie imaginaba,

y también canciones con letras,

hilarantes y trocadas.

Y por eso, aquí estamos todos,

siendo la prueba más clara,

de todo el amor que nos dio,

en que más uso dio a su alma.

Y por eso Padre Santo,

te lo pedimos con ansia,

vuélvele Señor tu rostro,

y recíbelo en tu gracia.

30 de Marzo de 2008

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